lunes, 11 de noviembre de 2013

Entrevista



Son las 16:00 horas de un gélido día de diciembre. A través del ventanal del salón veo a la gente de la calle embutida en sendos abrigos, medio camufladas por gorros y bufandas; un panorama inmejorable para disfrutar de una tarde de manta y sofá junto a mi madre. Tras preparar un humeante café para mi madre y una taza de té para mí, y acompañarlos de unas deliciosas pastas, decido que es el momento ideal para hablar con ella sobre su infancia, que me cuente su experiencia en la escuela, ahondar en sus recuerdos de aquella época...

Yo: Bueno mama, ¿cómo era tu colegio cuando eras pequeña?
Rosa: Pues tampoco era muy distinto al tuyo, no hace tanto tiempo
Yo: Bueno, en algo habrá cambiado, tienes 48 años, el colegio de antes no puede ser igual que el de ahora
Rosa: Igual igual, no. Antes se respetaba mucho más a los profesores, se les trataba de usted y teníamos que ponernos de pie para saludarles cuando entraban en clase
Yo: ¿Eran muy estrictos?
Rosa: Pues sí, bastante. Si llegabas tarde no podías entrar en clase, te quedabas en el pasillo hasta que empezaba la siguiente asignatura; si hablabas sin permiso te ponían de cara a la pared y si volvía a pasar te ponían igual, de cara a la pared, y con un libro en cada mano
Yo: Madre mía...
Rosa: Y eso no es lo peor, cuando el profesor estaba explicando la lección y un alumno hablaba o se reía, le daba un capón en la cabeza y a los más problemáticos con la regla en la yema de los dedos
Yo: Y luego decías que casi no había cambiado...eso ahora no pasa
Rosa: Ya, la verdad es que en eso sí que ha habido muchos cambios. Menos mal
Yo: Pues sí, sino estábamos apañados... ¿Y qué asignaturas teníais?
Rosa: Dábamos lengua, matemáticas, religión, conocimiento del medio, música y plástica. En plástica hacíamos muchas cosas manuales como: flores con miga de pan; decoración de platos, que cada uno hacía el dibujo que mejor le parecía y se le aplicaba un barniz fijador; figuras de escayola; trabajos de madera contrachapada con segueta; y cosíamos con bastidores
Yo: ¿Cómo era tu colegio, estaba cuidado? ¿Y las clases?
Rosa: Sí, sí, era nuevo. Las clases estaban pintadas de blanco y nos sentábamos en mesas de dos en dos, no era una para cada uno
Yo: ¿Las sillas estaban unidas a las mesas?
Rosa: En parbulitos sí, pero luego no, era una mesa más grande para que entraran dos niños. ¡Ah! y las clases no se dividían como ahora, en A y B, estábamos todos juntos, podíamos ser hasta cuarenta niños, y se llegaba hasta octavo de EGB
Yo: El sistema antiguo, claro. Y el profesor, ¿estaba sobre una tarima?
Rosa: Que va, estaba al principio de la clase, justo enfrente de la pizarra, en una mesa muy grande pero al mismo nivel
Yo: ¿Los niños y niñas estabais juntos u os separaban? 
Rosa: No, estábamos todos juntos
Yo: Ah mira, pues yo pensaba que estaríais separados
Rosa: Pues no hija
Yo: ¿Y qué material llevabais? ¿Cómo eran los libros? 
Rosa: Pues antes no llevábamos tantas cosas como ahora. Teníamos un estuche con un lápiz, una goma, un sacapuntas, una regla y ceras blandas Manley
Yo: (Risas) ¿Te acuerdas de la marca?
Rosa: Sí, claro, me acuerdo perfectamente; y los libros pasaban  de un hermano a otro, no como ahora que se cambian casi todos los años
Yo: ¿Siempre se usaban los mismos libros?
Rosa: Sí. Yo utilicé los del tío Maxi
Yo: Pues eso le vendría bien a las familias, así no tenían que gastar tanto dinero
Rosa: Pues sí, porque en esa época no había mucho dinero
Yo: Cuéntame alguna cosa curiosa que recuerdes de tu colegio
Rosa: Pues mira, una cosa que se hacía era que todos los días, a la hora del patio de la mañana, nos daban un vaso de leche y tú podías llevarte el Cola Cao en una bolsita por si no te gustaba la leche sola
Yo: Anda, pues es una  buena costumbre, no sé por qué no se sigue haciendo
Rosa: Ya... Y otra cosa que hacíamos todos los años, justo antes de la Semana Santa, era una excursión al campo. Los profesores llevaban un bollo, con un huevo duro en el centro, para cada niño
Yo: ¿Como las cocas de Barcelona?
Rosa: Sí, más o menos. Dos días antes, nos pedían que llevásemos cada uno un huevo duro y el día de la excursión daban a cada niño su bollo. 
Yo: ¿Pero lo hacían ellos?
Rosa: No sé, a lo mejor los encargaban, porque no creo que cada profesor fuese a hacer tantos él solo. El caso es que cada niño tenía el suyo y nos íbamos a pasar el día a un campo que había al lado del colegio
Yo: Qué divertido ¿no?
Rosa: Sí, la verdad es que lo pasábamos muy bien 
Yo: ¿Algo más que recuerdes así interesante?
Rosa: No, eso es más o menos lo más importante
Yo: Pues muchas gracias, mama
Rosa: De nada, hija

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. muy interesante, hubiera estado bien que explicaras por qué has elegido un relato en vez de un vídeo o un podcast ¿la has llegado a integrar en el museo? ¿dónde? ¿qué análisis podríamos hacer de la situación que describes?

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